Compartiendo contigo La Belleza de La Vida
Publicado en General el 26 de Julio, 2006 por rubence|
Compartiendo contigo La Belleza de La Vida: El Viejo Sabio El Viejo Sabio siempre salía de su ermita muy temprano, antes de salir el Sol. Su viejo cuerpo no le pedía demasiado descanso y seguía lleno de vitalidad. Apenas dormía cuatro o cinco horas, despertaba rebosante de energía y salía a barrer el patio delantero de la ermita para que los feligreses encontrasen un lugar limpio y ordenado en el que pudieran ordenar pacíficamente su alma. Sin embargo el primer caminante que pasaba delante de su lugar de paz no era un feligrés suyo. Hacía varios meses que Gr'anSan venía observando a ese jovencito. Antes solía jugar con los chicos de su edad, pero desde hace unos meses su comportamiento había cambiado mucho... y eso le llamaba la atención al Viejo Sabio. Aunque lo que más le extrañaba no era que ya no se relacionase con niños de su edad y sólo caminara junto a hombres mucho más mayores que él. Lo que más le extrañaba al Anciano clérigo era el brusco cambio que había sufrido su espíritu. Gr'anSan calculaba que en estos últimos meses, el joven Kan, había madurado el equivalente a 15 años. Y eso sí que le llamaba la atención. - Joven! - gritó a Kan - ¿Dónde vas tan temprano? A estas horas sólo los demonios y los santos andan por la calle. Los primeros retornan a las entrañas de la tierra a protegerse del abrasador Sol y los segundos bajan del cielo para proteger a los hombres de las calamidades y del Mal. - Y como hacía todas las mañanas preguntó al Joven - ¿Tú que eres? ¿Santo o Demonio? - Ninguna de las dos cosas – Replicó con una sonrisa Kan, todas las mañanas tenía la misma conversación con el anciano y todas las mañanas las palabras eran las mismas, se había convertido en un ritual diurno entre los dos - Sólo soy un Joven Samurai que camina hasta los arrecifes para poder contemplar la belleza del amanecer y la suavidad del fluir de las Olas en el Mar. - ¿Y por qué haces tal cosa en vez de alargar tu descanso como el resto de los mortales? – Preguntó el Viejo añadiendo una novedad a la conversación. - Porque mi espíritu guarda tal ansia por vivir la vida y por actuar que le es difícil mantenerse dormido más de unas pocas horas al día. Sólo duermo lo suficiente para deshacerme del cansancio del día anterior y despertar cargado de nuevas energías. - Kan hizo una pausa para comprobar si el Anciano Clérigo comprendía lo que le decía, el Sabio conocedor del corazón y las almas de los hombres asintió y con un gesto de su mano invitó al Joven a continuar - Ver la belleza del amanecer renueva y dobla mis energías, pues hace renacer en mi espíritu la fe por las causas justas y las buenas acciones. Por otra parte el suave mecer de las olas calma mi espíritu y me ayuda a ordenar mis ideas y a organizar mentalmente mis tareas diarias de una forma más tranquila y eficiente. Violentamente el Viejo Sabio tomó su gastada escoba y agitándola en el aire replicó. Turbado por las palabras del joven, el Sabio Clérigo delegó esa mañana las tareas clericales en su ayudante, un hombre de mediana edad que había sido aprendiz de Gr'anSan desde que era sólo un niño. El viejo Sabio se retiró a su patio trasero desde donde vería llegar antes al Joven Samurai, y se entretuvo barriéndolo lentamente mientras dejaba que su mente viajara por los derroteros de la meditación. Pocos momentos después de que los broncilíneos dedos de la Aurora dejaran de acariciar la ondulante superficie del mar, el Anciano Clérigo vio retornar tranquilamente a Kan por el camino del desfiladero. Su paso era tranquilo y seguro, su postura era erguida, denotaba firmeza... y sin embargo estaba exenta de presunción. Una de sus manos acariciaba su barbilla, aquel mentón joven que todavía no era capaz de empezar siquiera a cubrir su cara con el vello de la madurez. Su otra mano se movía en el aire acompañando los pensamientos del joven. Hubiera parecido un gran Sabio meditando sobe la importancia de la existencia del hombre sino fuera por que su joven piel y sus músculos aún sin formar delataban su extrema juventud. Gr'anSan estaba convencido de que dentro de ese cuerpo de niño residían el espíritu y la mente de un hombre Maduro, Sabio y Justo. Por eso quería asegurarse de que sus intenciones eran justas y de que sus actos serían los correctos. Pues en caso de que la injusticia rigiera sus actos aquel pequeño sería aun más temible que el peor de los demonios, pues si una cosa era segura era que ese niño un día cambiaría las vidas de millares de hombres... y él debía saber si sería para bien o para mal... - ¿Cómo ha sido hoy el amanecer Joven Samurai? Kan miró con los ojos abiertos de par en par al viejo clérigo como sólo los niños saben hacer. ¿Realmente habían pasado meses? Le habían parecido solo unos pocos días... realmente el tiempo cada vez corría más rápido. - No he cometido ninguna - Y la mirada sincera que se reflejó en sus ojos, junto con la inocente sonrisa, exenta totalmente de orgullo que se reflejó en su rostro convenció de la veracidad de sus palabras al Viejo Sabio... el cual quedó increíblemente impresionado por la simple afirmación del joven Kan. - ¿No has causado mal a nadie? – Preguntó el anciano y el joven respondió negando efusivamente con la cabeza. - Kan, acércate y mira... - dijo el anciano mientras sacaba un paquete de semillas de entre su túnica blanca - Esta es mi distracción, tú miras el mar... yo doy de comer a las palomas - Diciendo esto arrojó un gran puñado de semillas delante de sí. Inmediatamente un estruendoso batir de alas llenó el aire, y unas pocas palomas al principio y después docenas de ellas bajaron desde el techo de la ermita hasta, literalmente, rodear al joven y al anciano. - Mira atentamente a esas palomas Kan, puesto que son iguales a los hombres. - Sí Kan, veo en tu cara que te extrañas... pero estas palomas, aun siendo totalmente distintas en su envoltura a nosotros... en su esencia son iguales. Igual que el agua que recorre el pozo y el cubo son la misma agua... el comportamiento de las palomas es igual al de los hombres. Las palomas miraron a Kan como si estuviera loco y se alejaron unos pasos más. A Kan le pareció grata la idea, así que cogió dos puñados de comida y se acercó lentamente a las palomas mostrándoles la comida. Estas al ver caer algún grano de las manos de Kan hicieron amago de acercarse, pero al ver las manos llenas de semillas del joven Samurai mientras este se acercaba... echaron a volar espantadas por la cercanía del muchacho hasta posarse en el techo de la vieja ermita. - ¡No lo entiendo! - exclamó enfadado Kan - ¡Estas Palomas son tontas! ¿No se dan cuenta de que yo sólo quiero su bien? Si pudiera hacer que entrasen en razón... ¿Pero qué digo? – Exclamó dándose cuenta de un detalle - ¡Si son solo palomas! ¡Son desconfiadas y cobardes por naturaleza...
El joven Samurai quedo paralizado al ver la sutil trampa que le había preparado el Anciano Clérigo, y en su mente empezó a brillar la llama del entendimiento... pero todavía sólo eran unas pocas chispas dispersas que no eran capaces de alumbrar el complicado entramado de la argumentación del anciano. - Bueno, muy cercanas a nosotros - Kan estiró un brazo para demostrar sus palabras - dentro de la distancia de una braza están cerca de una docena de palomas... que se están poniendo moradas, pues se están comiendo la mayoría de los granos que echaste al suelo. El joven Kan, dándose cuenta de que todavía llevaba en las manos las semillas que antes había cogido, colocó en forma de copa sus manos, igual que cuando bebía de un río... y esperó . Unas pocas semillas cayeron de sus manos, pero al momento una paloma enorme y preciosa se posó en el borde de sus manos y se puso a comer de la gran cantidad de semillas que Kan tenía entre sus manos. Era obvio que esta era la paloma más feliz de todas, pues después de echarle un par de miradas de advertencia al joven se puso a comer como una loca, con una gran ansia y una gran alegría. Kan la observaba con la boca abierta y sin mover un solo músculo, casi apenas respiraba de la emoción que sentía al tener al bello pájaro entre sus manos. Era lo que antes había deseado con las otras palomas asustadizas... al ver que estaba segura en las manos del joven humano, la paloma relajó sus plumas, retrajo una pata y se dispuso a comer esta vez de una forma más calmada y relajada... aunque con grandes bocados cada vez. Si la Palomas hubieran tenido boca en vez de Pico, Kan habría jurado que la paloma le sonreía. - Bien jovencito - dijo el Anciano Clérigo sacando al Joven Samurai de su ensoñación - estoy esperando a que me lo acabes de describir. - Bien, te ayudaré - dijo sonriendo el Sabio Clérigo, en realidad le gustaba resaltar ante los demás que era el más grande conocedor del corazón de los hombres - Las palomas que ves al fondo son infelices y pasan hambre, tienen la comida a su alcance, solo tienen que volar hasta aquí, cerca de nosotros y cogerla... pero su miedo les impide hacerlo. Temen que les hagamos algún daño. - El anciano hizo una pausa y miró al joven, en su rostro se empezaba a iluminar la llama del entendimiento - Realmente esas palomas son tan capaces de coger las semillas y comer como las demás, pero sus miedos les impiden alcanzar la comida... - Bueno, pues decía que son tan capaces de alcanzar la comida y de comer como las demás, pero que su miedo les impide alcanzar la comida cuando... ¡Simplemente tienen que hacerlo! - El anciano miró fijamente y con seriedad al joven - Esto le pasa a muchos hombres, sólo han de actuar, de hacer las cosas, de luchar por ellas para alcanzarlas y cogerlas... y no lo hacen por miedo a fracasar. - Estas palomas que hay más cerca - Continuó el Sabio cambiando de tono y señalándolas - como puedes ver, y tu mismo has dicho, son la mayoría. Se conforman con unos pocos granos seguros, aunque saben que no hay bastantes para todas. La mayoría de ellas se quedará con hambre, y cada día las veras un poco más flacuchas. Unos días tendrán suerte y comerán un poco más, otros días tendrán menos suerte y comerán un poco menos... sin embargo la mayoría de las veces sólo tendrán la comida justa para sobrevivir... Realmente sólo tienen que dar un pasito más, acercarse a la comida... ¡Y tendrán toda la comida que quieran! - El anciano se encogió de hombros - sin embargo prefieren estar allá, a dos brazas de nosotros porque se sienten seguras... y esa falsa seguridad las condena... porque ¿Cómo pueden sentirse seguras si en el fondo de sí saben que no hay comida para todas? - El anciano guardó una pausa antes de continuar - Muchas personas son así, se agarran a una falsa seguridad y viven infelices y preocupadas, engañándose a sí mismas y haciéndose pensar que son felices cuando en realidad... temen que no les llegue la comida para sobrevivir. Kan estaba con la boca abierta, las palabras del anciano eran la sabiduría más pura que nunca había oído... sólo estaba describiendo el comportamiento de unas simples palomas... y estaba descubriendo el corazón humano a sangre viva... El joven Samurai cerró su boca con la mano izquierda e intentó mantener la compostura para asimilar mejor las palabras del Sabio Clérigo. Kan no dijo nada, estaba bien claro lo que el anciano le había dicho. La sabiduría de sus palabras era inmensa, por fin comprendía muchas cosas... no sólo de esa tarde, sino de toda su vida... mientras pensaba esto Kan se fijó en la paloma de su mano, se había quedado dormida justo encima de la comida, en ese momento despertó ligeramente, cogió un buen bocado de semillas, las tragó y volvió a dormirse. Kan guardó silencio para meditar las palabras del anciano... eran ciertas, todas las palomas tenían las mismas oportunidades, la única diferencia estaba en cual era la paloma que tenía el valor para hacerlo. Igualmente todos los seres humanos contaban con las mismas oportunidades... la diferencia estaba en quienes eran cobardes y se escondías detrás de culpabilidades y "suertes"... y quienes eran valientes y hacían lo que tenían que hacer para alcanzar ese premio sublime. - Aún más anciano - Exclamó el Joven Samurai entusiasmado - mira las palomas, algunas son blancas y otras grises, unas tienen más plumas y otras menos, unas tienen las patas enteras y a otras les ha comido algún dedo algún gato... sin embargo por ninguna de esas características externas podemos juzgar cuáles de ellas se quedarán con hambre y cuáles no, por ejemplo aquella bellísima paloma toda blanca - dijo señalando con su mano Izquierda, ya que en la derecha dormía la paloma-samurai - es un paloma preciosa, con unas alas que sin duda le facilitarían el volar rápida y presta hasta la comida, sin embargo se queda allá, alejada y muerta de hambre porque le falta valor. Y a esta de aquí le falta una pata, y eso no le impide comer. Bellas y mutiladas, débiles y Fuertes están mezcladas... pero ninguna de estas características les hace alcanzar la comida, sino que es el valor y el coraje de su corazón lo que les impedirá morirse de hambre y comer! - Exacto! Has entendido muy bien! Sólo falta una cosa - El anciano miró fijamente al joven - ¿Te acuerdas cuando te mandé que ofrecieras las semillas a las palomas del fondo? A las cobardes... ¿Qué ocurrió? Kan despertó en ese momento a una realidad que no había visto hasta entonces, esta no sólo era una simple lección sobre el corazón humano, la forma de comportarse de la gente y el cómo saber diferenciarlos, era también... ¡Un consejo de incalculable valor! Porque si aprovechaba bien los conocimientos que hoy había adquirido podría formar un ejercito de personas verdaderamente valientes y audaces, podría desechar a todas las palomas cobardes y a las que viven en un mundo de sueños y falsas realidades para quedarse solamente con aquellas que realmente eran valientes y puras de corazón, las que venían ellas solas a comer las semillas del éxito y con aquellas únicas palomas que iban directamente a comer de la fuente. ¡El suyo sería un ejército invencible! - Claro que no quiero a cobardes en mi ejército! A partir de hoy dejaré de correr detrás de las palomas cobardes y daré las semillas únicamente a aquellas que tengan el valor de saber captar y aprovechar la oportunidad a la primera. ¡Porque únicamente esas son las que me interesan! ¡Sólo las valientes y decididas! - Perfecto! – Contestó el anciano - Porque yo llevo toda mi vida intentando que las personas que son como aquellas palomas del fondo vuelen hasta la comida... ¿Y sabes lo que he conseguido? - preguntó al joven - ¡NADA! Que huyan una y otra vez... créeme, por mucho tiempo que corras detrás de ellas no conseguirás nada. Y eso no es lo peor ¿Sabes que es lo peor? - Exacto! - Contesto Gr'anSan - ¿Y sabes lo que voy ha hacer ahora? - El anciano miró con cara divertida al joven - Voy dejar de perseguir palomas cobardes y me voy a poner con las manos abiertas a dar semillas a las palomas valientes, pues hoy he visto que es una tarea mucho más fácil y productiva. ¡Espera aquí un momento! - Y diciendo esto desapareció dentro de su vieja ermita. Al poco rato reapareció el anciano con un ligero saco y su vieja escoba, y echándose el primero encima de su hombro y tomando la segunda como si de una espada se tratara preguntó al joven Samurai... Muchas Gracias Ignacio Gonzalez, de quien rescato y agradezco todo lo bueno. |
